Ramón Roal

Tobin y la novena «misa del orgullo»: anatomía de una apostasía

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El pasado 14 de junio, la parroquia de Nuestra Señora de la Gracia de Hoboken (Nueva Jersey) celebró su novena «Misa del Orgullo» consecutiva. No es la ocurrencia de un párroco díscolo: la propia web parroquial la anuncia «con el apoyo de nuestro arzobispo, el cardenal Joseph Tobin». Es promoción de la sodomía con nombre y cargo.

¿Quién es este purpurado? Según el célebre testimonio del exnuncio apostólico Carlo María Viganò (agosto de 2018), el nombramiento de Tobin para Newark —y el de Cupich para Chicago— fue orquestado por Theodore McCarrick, el cardenal después expulsado del sacerdocio por abusos a menores y seminaristas. Ni Tobin ni Cupich figuraban en las listas elaboradas por la nunciatura: entraron desde fuera del proceso canónico ordinario.

La red se completa con el cardenal Kevin Farrell en Roma. Francisco los nombró a los tres y los ha mantenido pese a las gravísimas acusaciones. Interrogado sobre el encubrimiento de McCarrick, Cupich llegó a responder que «el Papa tiene una agenda más amplia».

Nada de esto es casual. Es el fruto del Vaticano II, apostasía consumada en todos y cada uno de sus documentos. La Iglesia de siempre contó la sodomía entre los pecados que claman al cielo pidiendo venganza; la secta conciliar la celebra en el altar. Las misas del orgullo no son pastoral: son su síntoma. Y los responsables tienen nombre y cargo.

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