Ramón Roal

LA INSIDIOSA POLÍTICA DE LA SECTA DEL VATICANO II EN FAVOR DEL ABORTO.

Conviene reparar en el método, porque es lo que hace la operación difícil de combatir. Desde Roma nadie ha declarado que el aborto sea lícito. La condena sigue impresa donde siempre, y por eso el fiel que va a buscarla la encuentra y se queda tranquilo. Lo que se desmonta, sin anuncio y sin firma que se pueda citar en contra, es todo lo que hacía que aquella condena tuviera consecuencias.

En 1994 Juan Pablo II fundó la Pontificia Academia para la Vida con tres cerrojos: el académico firmaba una declaración por la que se comprometía a defender la enseñanza de la Iglesia sobre la vida, el nombramiento era vitalicio y la Academia quedaba vinculada a la Congregación para la Doctrina de la Fe. El 18 de octubre de 2016, unos estatutos nuevos quitaron los tres a la vez. No hubo encíclica ni declaración solemne. Hubo un cambio de reglamento. Después entró en la Academia una atea que había celebrado públicamente la defensa del aborto, y el presidente de esa misma casa, el arzobispo Vincenzo Paglia, dijo de la ley que despenalizó el aborto en Italia que es «un pilar de nuestra vida social»; ante el escándalo se aclaró que era una constatación sociológica y no un juicio de valor. Se corrige el adjetivo y se deja la cosa donde estaba.

Con ese aval por detrás, la gobernadora de Massachusetts —que el 16 de mayo de 2024 estrechaba la mano de Bergoglio en la Sala Clementina y que se declara católica— acaba de firmar la supresión del límite de las veinticuatro semanas: el aborto hasta el día del nacimiento, firmado entre aplausos. Su arzobispo ha respondido con una nota de prensa y una invitación a rezar. No podía hacer otra cosa: el canon que mandaba apartar de la Eucaristía a los públicamente indignos también lo habían desmontado antes, por dentro y sin anunciarlo. Eso es la insidia: conservar el adjetivo y vaciar la ley.

Lee más: La insidiosa política de la secta vaticana para …

68