Los fines del matrimonio (2): control natural, indisolubilidad y Teología del Cuerpo
La desjerarquización de los fines no fue un tecnicismo. La primacía de la prole era un muro de carga, y al retirarlo se desplazan tres piezas que se apoyaban en él.Primera: el control «natural» de la natalidad. La Iglesia condenó siempre la anticoncepción sin distinguir método —san Agustín reprochaba a los maniqueos el cálculo de los días infecundos, porque condenaba la intención antiprocreativa, no la técnica—; la única excepción, la alocución de Pío XII a las comadronas de 1951, es de bajo rango y se universalizó como «paternidad responsable». Segunda: la indisolubilidad, fundada en el bien de los hijos, que hoy se erosiona por la vía de las nulidades, no negándola de palabra. Tercera: la Teología del Cuerpo, floración de la autonomía de lo sexual que el Santo Oficio condenó en 1944.
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