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Irapuato

30 enero Santa Jacinta de Mariscotti, una monja de lujo.
Nacimiento
16 de marzo de 1585
Vignanello, Italia
Fallecimiento
30 de enero de 1640
Roma, Italia
Venerado en
Iglesia Católica
Beatificación
1 de septiembre de 1762
Canonización
24 de mayo de 1807
Festividad
30 de enero
Jacinta Mariscotti
, de la Tercera orden de San Francisco, es una santa italiana de la Iglesia Católica que, después de una vida frívola y mundana, practicó radicalmente la virtud cristiana de la humildad, obrando milagros y profecías, promoviendo confraternidades para consolar a los ancianos y fomentando el culto a la Eucaristía.
Emitido en diocesisTV el 30-1-2009. "Los números uno", Encarni Llamas presenta una breve biografía del santo de cada día

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Santa Jacinta Mariscotti, virgen - el 30 de enero
fecha de inscripción en el santoral: 30 de enero
n.: 1585 - †: 1640 - país: Italia
canonización: B: Benedicto XIII 1 sep 1726 - C: Pío VII 24 may 1807
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio:
En Viterbo, en el Lacio, santa Jacinta Mariscotti, virgen de la Tercera Orden Regular de San Francisco, quien, después de perder quince años entregada a vanos placeres, abrazó con ardor la conversión y promovió confraternidades para la asistencia a los ancianos y para fomentar el culto a la Eucaristía.
La vida de santa Jacinta es, en cierto sentido, única en los anales de los santos. Casi todos ellos experimentaron, en un momento determinado, una especie de cambio que califican de "conversión". En algunos casos, como en el de san Agustín, la conversión consiste en la vuelta a Dios, después de una vida de pecado en el mundo. En otros casos, como el de santa Teresa, la vida anterior parece imperfecta por el contraste que ofrece con la vida posterior a la conversión. Pero es muy raro el caso de un santo que, tras de haber llevado una vida de escandalosa infidelidad a las reglas del convento, se convierta, vuelva atrás, y finalmente se entregue definitivamente, movido por una nueva gracia, hasta alcanzar las cumbres de la perfección.
Clara Mariscotti, que provenía de una noble familia de Vignarello, se educó en el convento de las franciscanas de Viterbo, donde una de sus hermanas era religiosa. Parece que en sus primeros años mostró poca inclinación a la piedad. Cuando sus padres casaron a su hermana más joven con el marqués Cassizucchi, Clara cayó en un estado de postración y mal humor, insoportables para su familia. En vista de ello, sus padres, siguiendo la odiosa costumbre de la época, decidieron forzarla a entrar en la vida religiosa. Clara ingresó al mismo convento de Viterbo donde había sido educada, que era una comunidad de la Tercera Orden Regular Franciscana. Aunque hizo la profesión, la joven declaró llanamente que el hecho de vestir el hábito religioso no le impediría exigir todas las exenciones a las que su rango y la riqueza de su familia le daban derecho. Durante diez años, fue el escándalo de la comunidad por su olímpico desprecio de las reglas, aunque guardaba todavía un mínimo de apariencias. En cierta ocasión, en que se hallaba ligeramente indispuesta, un santo sacerdote franciscano fue a confesarla en su celda y, al ver cuán confortable era ésta, reprendió severamente a Sor Jacinta (este era el nombre que había tomado al entrar al convento) por su tibieza y los graves peligros a que se exponía. La reprensión impresionó profundamente a la religiosa, quien temporalmente reformó su vida con un fervor casi exagerado. Pero esta súbita transformación no duró mucho; el fervor de Sor Jacinta empezaba ya a decaer, cuando Dios le envió una enfermedad mucho más seria que la anterior. Esta vez, la gracia fue plenamente eficaz y a partir de ese momento, la santa llevó una vida de crueles disciplinas, constantes ayunos y vigilias, y largas horas de oración.
Lo más extraordinario, tratándose de un temperamento como el de Jacinta, es que, siendo maestra de novicias, dio muestras de un gran sentido común en la dirección espiritual, ya que refrenaba las exageraciones de fervor y penitencia en sus novicias y escribía mesurados consejos a las numerosas personas que la consultaban por carta. Por ejemplo, a una persona que le preguntaba su opinión sobre una religiosa muy reputada por su unión con Dios y su don de lágrimas, Jacinta respondió: «Antes que nada, quisiera yo saber si esa religiosa está despegada de las creaturas, si es humilde, si ha renunciado a la voluntad propia, aun en las cosas buenas y santas; sólo así es posible determinar si los deleites de su devoción vienen realmente de Dios. Yo admiro sobre todo a los que son poco admirados, a los olvidados de sí mismos, aunque tengan pocas consolaciones sensibles. La verdadera señal del espíritu de Dios es la cruz, el sufrimiento, la perseverancia generosa, a pesar de la falta de consuelo, en la oración».
La caridad de Jacinta era notable, y no se limitaba a su comunidad. Con su ayuda se formaron en Viterbo dos cofradías encargadas de los enfermos, los ancianos, los nobles venidos a menos y los pobres. Pidiendo limosna de puerta en puerta, Jacinta reunía los fondos necesarios para el trabajo de las cofradías. La santa murió a los cincuenta y cinco años de edad, el 30 de enero de 1640, y fue canonizada en 1807. La bula de canonización afirma que «su mortificación era tan grande, que la conservación de su vida era un constante milagro» y que «con su apostólica caridad ganó a Dios más almas que muchos predicadores de su tiempo».
Ver Flaminio de Latera, Vita della V. S. Giacinta Mariscotti (1805); Léon, L'Auréole séraphique, vol. I, pp. 117-126; Kirchenlexikon, vol. VI, pp. 514-516.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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San Matías de Jerusalén, obispo
En Jerusalén, san Matías, obispo, que descansó en paz después de soportar muchos sufrimientos por la causa de Cristo. († s. II)
San Barsimeo de Edesa, obispo
En Edesa, de Osroene, san Barsimeo, obispo, que en tiempo del emperador Decio fue azotado por su fe en Cristo, y después, terminada la persecución y liberado de la cárcel, dedicó el resto de su vida a gobernar con total entrega la Iglesia a él encomendada. († s. III)
Santa Martina, mártir (3 coms.)
En Roma, conmemoración de santa Martina, a quien el papa Dono dedicó una basílica a su nombre en el foro romano. († 677)
Santa Batilde, viuda y fundadora (2 coms.)
En el monasterio de Chelle, en el territorio de París, santa Batilde, reina, que fundó un cenobio bajo la Regla de san Benito, al estilo del monasterio de Luxeuil, y, a la muerte de su esposo Clodoveo II, gobernó el reino de los francos. Cuando asumió su hijo el poder, se retiró al citado monasterio y vivió hasta su muerte bajo la observancia de la Regla. († 680)

Santa Aldegunda, abadesa
En el monasterio de Maubeuge, en Neustria, santa Aldegunda, abadesa, en tiempo del rey Dagoberto. († c. 684)
San Armentario de Pavía, obispo
En la ciudad de Pavía, en la Lombardía, san Armentario, obispo, que colocó solemnemente en la basílica de San Pedro in Coelo Aureo el cuerpo de san Agustín, trasladado por el rey Liutprando. († 731)
San Teófilo el Joven, mártir
Pasión de san Teófilo, llamado el Joven, mártir, que, siendo prefecto de la armada cristiana, fue apresado en Chipre y conducido a la presencia de Harun ar-Rashid, califa supremo de los sarracenos, y dado que ni las amenazas ni las promesas pudieron hacerle apostatar de Cristo, fue herido de muerte con la espada. († 792)
* San Lesmes, abad
En la ciudad de Burgos, en Castilla la Vieja, san Lesmes, abad, que convirtió en monasterio la capilla de San Juan y el hospital de pobres contiguo. († 1097)
Beato Francisco Taylor, mártir
En Dublín, en Irlanda, tránsito del beato Francisco Taylor, mártir, que, siendo padre de familia, pasó siete años en la cárcel a causa de su fe católica y, después de soportar tribulaciones en su ancianidad, terminó su martirio bajo el reinado de Jacobo I. († 1621)
Beatos Ogasawara Gen`ya, Miya Kagayama y trece compañeros, mártires
En Kamamoto, Japón, beatos Ogasawara Gen`ya, su esposa Miya Kagayama, sus nueve hijos y cuatro sirvientes, que después de sufrir destierro y persecución y de pasar cuarenta días en la cárcel, fueron decapitados en el patio del templo budista Zengo-In. († 1636)
Santa Jacinta Mariscotti, virgen
En Viterbo, en el Lacio, santa Jacinta Mariscotti, virgen de la Tercera Orden Regular de San Francisco, quien, después de perder quince años entregada a vanos placeres, abrazó con ardor la conversión y promovió confraternidades para la asistencia a los ancianos y para fomentar el culto a la Eucaristía. († 1640)
Beato Sebastián Valfré, religioso presbítero
En Turín, ciudad del Piamonte, en Italia, beato Sebastián Valfré, presbítero de la Congregación del Oratorio, que con su entrega desinteresada ayudó a pobres, enfermos y encarcelados, y condujo a muchos hacia Cristo con su amistad y su eximia caridad. († 1710)
San Pablo Ho Hyob, mártir
En Seúl, en Corea, san Pablo Ho Hyob, mártir, que, siendo soldado, fue encerrado en prisión por confesarse cristiano y, sometido a tormento, llegaron a ceder sus fuerzas, dando la impresión de retractarse, pero arrepentido y repuesto, él mismo se presentó ante el juez confirmando su fe en Cristo, por lo cual, encarcelado de nuevo, después de largo tiempo falleció a consecuencia del maltrato recibido. († 1840)
Santo Tomás Khuong, presbítero y mártir
En Tonkin, actual Vietnam, santo Tomás Khuong, presbítero y mártir, que en la persecución bajo el emperador Tu Duc confesó con gran fuerza de ánimo ser cristiano. Fue encarcelado y, finalmente, de rodillas ante la Cruz, lo mataron a hachazos. († 1860)
San David Galván Bermúdez, presbítero y mártir (2 coms.)
En la ciudad de Guadalajara, en México, san David Galván Bermúdez, presbítero y mártir, que durante la persecución mexicana, por defender la santidad del matrimonio, obtuvo la corona del martirio al ser fusilado sin previo juicio por los soldados. († 1915)

San Muciano María Viaux, religioso
En Malonne, población de Bélgica, san Muciano María (Luis) Viaux, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que dedicó toda su vida, con constancia y generosidad, a la formación de los jóvenes. († 1917)
Beato Columba Marmión, abad
En el monasterio de san Benito de Maredsous, también en Bélgica, beato Columba (José) Marmión, el cual, nacido en Irlanda y ordenado sacerdote, llegó a ser abad de aquel monasterio benedictino, donde se distinguió como padre del cenobio, guía de almas en el camino de la santidad, así como por su riqueza en doctrina espiritual y elocuencia. († 1923)
Beata Carmela García Moyón, catequista mártir
En la localidad valenciana de Torrent, en España, beata Carmen García Moyón, mártir, maestra de la doctrina cristiana, que en la cruel persecución religiosa fue violada y quemada viva, a causa de su fe en Cristo. († 1937)
Beato Segismundo Pisarski, presbítero y mártir
En la ciudad de Gdeszyn, en Polonia, beato Segismundo Pisarski, presbítero y mártir, que en tiempo de guerra, por no renunciar a su fe ante los perseguidores, fue fusilado junto a la parroquia del lugar. († 1943)
Beata Maria Bolognesi, laica
En Rovigo, Italia, beata María Bolognesi, laica, que ofreció sus sufrimientos físicos y espirituales por la salvación del prójimo. († 1980)

Irapuato

Jacinta Mariscotti, de la Tercera orden de San Francisco, es una santa italiana de la Iglesia Católica que, después de una vida frívola y mundana, practicó radicalmente la virtud cristiana de la humildad, obrando milagros y profecías, promoviendo confraternidades para consolar a los ancianos y fomentando el culto a la Eucaristía.
[editar] Biografía
Clarice de Mariscotti, más tarde Jacinta Mariscotti, hija de Marcantonio Mariscotti y de Ottavia Orsini, condesa de Vignanello, lugar cercano a Viterbo, nació en Vignanello el 16 de marzo de 1585. El matrimonio Mariscotti tuvo cuatro hijos más, que fueron los siguientes: Ginebra, que el año 1594 ingresó como religiosa en el convento de Terciarias Franciscanas de San Bernardino de Viterbo, donde, con el nombre de sor Inocencia, vivió santamente hasta su muerte, que tuvo lugar en el mes de julio de 1631. Hortensia (1586-1626), joven virtuosa, el año 1605 casó con Paolo Capizucchi, marqués de Podio Catino. Sforza (1589-1655) casó en 1616 con Vittoria Ruspoli, y heredó el título de la familia de los Mariscotti. Galeazzo (1599-1626) fue abreviador de las letras apostólicas, y murió en la Curia Romana.
Jacinta fue enviada por sus padres al monasterio de San Bernardino de Viterbo, al lado de sor Inocencia, para que comprobara de cerca la santa vida que practicaba su hermana y las venerables sor Inés Guerrieri, virgen romana, y sor Lucrecia Fracassini. Como Jacinta no pensaba más que en llevar una vida mundana, no soportó gran tiempo el retiro del monasterio, decidiéndose a abandonarlo para regresar al lado de sus padres. Al no poder casarse, sus padres lograron convencerla para que ingresase de nuevo en un monasterio el 9 de enero de 1605, tomando en esta ocasión el hábito de Terciaria Franciscana en el mismo convento de San Bernardino de Viterbo, que unos años antes había abandonado y cambiando el nombre de pila por el de Jacinta con que ahora la conocemos.
Durante los diez primeros años (1605-1615), Jacinta llevó en el convento una vida mundana, detestando de las pequeñas habitaciones de las religiosas, por lo que se hizo construir para sí una celda magnífica con todo lujo. Pero en 1615, con treinta años de edad, Jacinta cayó gravemente enferma. Aquejada de agudos dolores, jacinta pidió con insistencia la presencia de un sacerdote que la oyera en confesión. Al penetrar en una habitación tan suntuosamente enriquecida, el franciscano P. Antonio Bianchetti rehusó oírla en confesión. Dolorida, Jacinta hizo al día siguiente confesión general de todos sus pecados, determinándose resueltamente a cambiar de la vida que llevaba.
Jacinta practicó a partir de entonces la virtud de la humildad. Frecuentemente iba al refectorio con una cuerda echada al cuello, y en estas condiciones besaba los pies a las religiosas, pidiéndoles perdón por los escándalos que les había dado con su mala vida pasada. Cuando la nombraron vicesuperiora del convento y maestra de novicias, tuvieron que imponérselo por obediencia, pues ella no quería aceptarlo, pretextando que, no sabiendo gobernarse a sí misma, mal podía gobernar a las demás. Sentía hacia los pecadores una inmensa piedad. Entre los pecadores de Viterbo sobresalía Francisco Pacini, hombre atrevido, poderoso y deshonesto, a quien la Santa no solamente convirtió y lo convenció a llevar una vida de ermitaño, sino que fue en lo sucesivo su principal colaborador en la organización y desarrollo de las dos cofradías por ella fundadas.
La primera fue la Compagnia dei Sacconi (o Cofradía de los encapuchados de Viterbo), que Santa Jacinta fundó en 1636, con sede en la iglesia de Santa María de las Rosas, regida por unos Estatutos que, compuestos por los mismos cofrades, fueron aprobados por el cardenal Tiberio Muti (? 1636), obispo de Viterbo. El fin de la Cofradía era procurar el cuidado material de los enfermos y ayudarles a bien morir espiritualmente. Santa Jacinta añadió a los Estatutos de los cofrades especiales ejercicios que se habían de hacer en los últimos días de Carnaval, con públicas procesiones y visita a las iglesias donde estaba expuesto el Santísimo Sacramento, por lo que introdujo entre estos cofrades la práctica del piadoso ejercicio de las Cuarenta horas, que en el siglo anterior ya había aprobado el papa Clemente VIII.
La Congregación de los oblatos de María, fundada también por Santa Jacinta en 1638, estableció su sede en la vieja iglesia de San Nicolás, en el llano de Ascarano, donde los oblatos de San Carlos Borromeo les hicieron donación del hospicio que ellos habían erigido en 1611 para ancianos e inválidos. La Congregación de los oblatos de María fue aprobada, después de no pequeñas dificultades, por el ordinario, Francisco María, cardenal Brancacci, el 5 de julio de 1639; el mismo ordinario aprobó, el 2 de marzo de 1643, las Constituciones de los dichos oblatos, redactadas por Santa Jacinta. Según las mismas, la Casa Madre era conocida con el nombre de il Fratello (el Hermano); se prescribe un año de probación, y el noviciado, el Oficio divino, oraciones y varias meditaciones, austeridades y abundantes penitencias. Esta legislación, que más convenía a monjas contemplativas de clausura que a una congregación de seglares, dados a obras de caridad y actividades apostólicas, fue la causa principal de que la Congregación de los oblatos de María tuviera escasa duración.
Debido a su iniciativa, Camila Savelli, duquesa de Farnesio y de Savella, fundó dos monasterios de clarisas en Farnesio y en Roma; las novicias acudían al convento de Viterbo para marchar bajo su dirección por el camino de la vida espiritual.
La fama de su virtud se propagó por toda la región. Cierto día algunos paisanos hacían un viaje en alta mar, cuando fueron sorprendidos por una fuerte tormenta. En la inminencia de zozobrar, uno de ellos exclamó: “Oh hermana Jacinta, venga a nuestro socorro o pereceremos”. En el mismo instante los pasajeros vieron a una monja franciscana de hábito blanco, que amainaba las ondas y dirigía con fuerza sobrenatural la embarcación al puerto. Habiendo uno de ellos ido después al convento para agradecer tamaño beneficio, la superiora mandó llamar a Jacinta: “Fue ella quien nos salvó”. La santa huyó del locutorio para no ser alabada.
El 30 de enero de 1640 moría sor Jacinta. Desde el momento en que la noticia de su muerte se extendió por la villa de Viterbo, la emoción de las gentes fue general, e inmenso el número de los que concurrieron a sus funerales. Esta ilustre virgen fue beatificada en 1762 por Benedicto XIII, de la familia de los Orsini, a la cual pertenecía Ottavia, la madre de nuestra Santa, como ya hemos visto; el 24 de mayo de 1807 el papa Pío VII la inscribió en el catálogo de los santos. El cuerpo de Santa Jacinta descansa en el monasterio de Terciarias Franciscanas de San Bernardino de Viterbo. Después de dos siglos, allí se conserva incorrupto a la veneración de los fieles.
[editar] Bibliografía
Manuel de Castro, OFM, Santa Jacinta de Mariscotti, en Año Cristiano, Tomo I, Madrid, Ed. Católica (BAC 182), 1959, pp. 216-222.
[editar] Referencias y Enlaces externos
Santa Jacinta de Mariscotti (1585-1640), en Directorio Santoral Franciscanos
Jacinta Mariscotti, Santa, en Archidiócesis de Madrid
Santa Jacinta de Mariscotti, ejemplo de una radical conversión
es.wikipedia.org/wiki/Jacinta_de_Mariscotti