“Yo soy católico y español. Y he venido a Rusia para luchar contra los comunistas”.
EXTRAORDINARIO ARTÍCULO... "dándole" aquí.
"Morir antes que matar; pero la violencia puede ser necesaria.
En legítima defensa, un católico puede y debe emplear la violencia, en defensa de los hombres y en defensa del honor de Dios. No todo debe hacerlo el Estado..., que además no suele hacerlo.
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Es cierto que el principio general del católico ante la violencia es el ejercido por Cristo quien, siendo Dios, se dejó llevar al matadero como oveja muda ante los trasquiladores. Hasta ahí sin problemas, porque es verdad que el principal planteamiento cristiano ante la violencia es el precitado antes morir que matar. Ahora bien, es deber del creyente defender el honor de Dios y defender al otro, especialmente al débil del fuerte.
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No toda violencia es condenable, no todo irritación -también conocida como cabreo profundo- es censurable. Desde luego, no la legítima defensa, ya saben, lo de los requetés durante la Guerra Civil: “Disparad, pero sin odio”. No sólo eso, es que además, el cristiano debe defender el honor de Dios en las dos etapas del conflicto: en el de la violencia digamos psicológica y en el de la violencia física. En la primera, si fuera necesario, entregando su prestigio; en la segunda, entregando su vida.
En la primera, cuando aún no hemos llegado a las manos, el católico ya tiene una obligación primordial: no callar ni debajo del agua. No pecar a lo San Pedro: valiente al cortarle una oreja al Malco y enfrentarse con la espada a los legionarios romanos y a los mercenarios guardianes del Templo, pero cobarde cuando una mujeruca le acusa de estar con Cristo.
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El que no se indigna ante la blasfemia, probablemente no se indigne ante nada... porque nada le importa. El principal enemigo de Occidente no es el panteísmo oriental, sino que él mismo ha dejado de creer en sus propios principios.
Lo de Europa no es homicidio, es suicidio."